martes, 10 de junio de 2008

Las organizaciones en la era de globalización


Las ONG surgen por una necesidad que es común a los países en desarrollo o subdesarrollados (como en el caso de los pertenecintes a Latinoamérica): la pobreza estructural en la sociedad. Ésta problemática es el resultado de un proceso basado en el modelo económico de libre mercado al estilo angloamericano, que se impuso en distintos países a nivel mundial, como en el caso de Argentina, y que ha provocado alarmantes costos sociales, tal como señala John Gray en “Falso amanecer”. La falta de intervención estatal ha colaborado con el desarrollo de un mercado en libertad extrema que genera un gran sufrimiento social.

La globalización es uno de los factores de la ausencia de protagonismo y soberanía por parte de las naciones, debido a que desdibujó las fronteras territoriales, ámbito de poder por excelencia de los estados. También se suma la incidencia progresiva de causales que el estado ya no puede manejar, como hechos y situaciones internacionales que inciden directamente en la realidad de hasta las más mínimas localidades.

Es ante el debilitamiento del estado-nación, la interconectividad de distintas realidades y las necesidades sociales y económicas que generan las consecuencias negativas de la globalización, que surgen organizaciones como Un Techo y La Luciérnaga.

Thomas Friedman en “La Tierra es Plana” relata las consecuencias positivas de un mundo plano interconectado, pero las rupturas se hacen visibles, y en los países más pobres, tal como lo mostramos en este informe. Son entonces las ONG las que cubren los baches que dejaron los aplanadores del mundo.
Un Techo Para mi País nace desde el exterior, a raíz de un proyecto social chileno que llega a la Argentina donde encuentra necesidades similares y básicas (como la casa propia) que no son satisfechas. Se comparten ideas, estrategias y programas, lo cual genera un vínculo trasnacional a nivel humano y organizacional.

La Luciérnaga trae la idea desde España, pero el desarrollo es íntegramente propio, convirtiéndose en germen de distintas fundaciones en toda Argentina. Cada lugar adopta el método según las características particulares del lugar y anexa nuevas actividades y proyectos.

La misma globalización que afecta la vida política, social y cultural de los países en perjuicio de distintas sociedades es la que permite una red mundial de interdependencias, que configuran lo que Zygmunt Bauman entiende como historia común. Un Techo y La Luciérnaga, transitar esa historia común, que las nuevas tecnologías y formas de comunicación permiten compartir y expandir.

Postura en equilibrio

Continuando con la línea de análisis del post anterior, que finaliza con una definición del rol de las ONG en el proceso de globalización actual, cabe aclarar que el papel asumido por las organizaciones no gubernamentales presenta matices múltiples, dependiendo de cual sea su lugar en un amplio espectro cuyos extremos están dados por dos posturas radicales.
En polos opuestos -y ya fuera de nuestro marco de análisis- se hallan por un lado aquellas entidades que, si bien están centradas en la asistencia a las poblaciones empobrecidas, no plantean ninguna acción sobre las causas estructurales que generan esa pobreza.
En el lado contrario, aparecen los grupos que mantienen una posición irreconciliable con el sistema, y que rechazan el actual modelo económico y la propia existencia de aquellas instituciones que consideran responsables de los males ligados a la globalización. Creen, que el edificio está en ruinas y que hay que tirarlo abajo y hacerlo nuevo desde sus cimientos, aunque no hay un claro acuerdo sobre cómo debería ser la nueva construcción.


¿Dónde situar entonces a las dos instituciones ejes de nuestro estudio?
Dentro de un sector ‘intermedio’, conformado por ONG y movimientos sociales que demandan que se avance hacia otra globalización. Entienden que ésta es un fenómeno de nuestro tiempo que ofrece posibilidades y oportunidades de futuro, siempre y cuando esté al servicio de todas las personas y sus derechos fundamentales, y no sólo de los intereses de unas minorías privilegiadas.
Estas organizaciones proponen cambios sustanciales y profundos en la coyuntura, mediante la puesta en marcha de una estrategia transformadora que incluya todos los aspectos de la globalización y sus efectos. Son conscientes de que esta mecánica de mundialización agudiza las causas estructurales de la pobreza y, por ello, aspiran a romper el círculo combinando programas de desarrollo y ayuda humanitaria con la incidencia sobre las instancias políticas y sociales que pueden modificar las reglas de juego a nivel nacional y mundial.
En síntesis, situados en este nivel de acción, tanto UTPMP y “La Luciérnaga”, creen en otro modelo de globalización, equitativo, que no se base en la concentración de poder, que esté abierta a modelos sociales y culturales, que incluya a los empobrecidos y que promueva la justicia y la dignidad.

La responsabilidad de no resignarse


El término ‘globalización’ suele definirse como el fenómeno que provoca que los sucesos que ocurren en una parte del mundo afecten la situación de países o regiones distantes. Es una visión simplista y acotada si se agota en esa descripción estática y no analiza las consecuencias que dicho proceso acarrea. La globalización implica interdependencia, generada por una red de vínculos entre regiones, países y personas que no pueden existir de manera aislada y que se necesitan mutuamente. El dinero, o lo que con él puede comprarse, es la base de esas relaciones y quien lo posee es quien gana mayor poder de decisión y actuación en el escenario mundial.
Los países del primer mundo llevan la delantera y con su superioridad económica, financiera y militar ejercen presión sobre las naciones en desarrollo. A veces, la modalidad es el desembarco directo, como lo hizo Estados Unidos en Irak, y otras veces los mecanismos son más sutiles y se canalizan por vías de mayor legitimidad, como las directivas del FMI sobre países deudores.

El papel de los relegados
Sin embargo, estas circunstancias no son justificadoras de la resignación. ‘Cada país tiene la globalización que se merece’, señala Aldo Ferrer en su libro ‘La Argentina y el orden mundial’. Esto implica que la responsabilidad por el desarrollo y por lograr la más adecuada inserción en el sistema mundial corresponde a cada nación. La búsqueda de la eficacia, del logro de una mejor calidad de vida, de una solvencia que permita enfrentarse a las grandes potencias permitirá reducir las asimetrías, siempre que se aplique una estrategia centrada en los factores endógenos de progreso.

La fuerza desde adentro
‘La responsabilidad del desarrollo es indelegable y descansa, en gran medida, en el comportamiento de los grupos dirigentes (…)’, afirma Ferrer. Ocurre que, cuando los gobernantes no encuentran soluciones a la dependencia y el retraso, e ignoran las potencialidades del país o la mejor manera de desarrollarlas, surgen grupos desde la sociedad civil que bregan por la justicia social con sus propias herramientas. Nacen así las ONG’s, como Un Techo Para mi País Argentina, y fundaciones como La Luciérnaga, como firmes intentos de ciudadanos que no quieren ser engullidos por la globalización.

UTPMP: un sueño globalizado


La pobreza es una problemática social que afecta a la población mundial. La pobreza es una problemática social producto de políticas y economías globalizadas que día a día separan más a los que más tienen de los que menos tienen.

Sin embargo, la pobreza es hoy una problemática social que une a una Latinoamérica que lucha por erradicarla. Une a la jueventud latinoamericana que se empeña a cada momento por combatirla.

La globalización ha roto fronteras, ha terminado con los límites de geográficos de los países, a exportado modelos e ideas, ha establecido políticas comunes. Y en este caso, en el que se materializa bajo el nombre Un Techo para mi País, lo ha hecho en beneficio. El compromiso, la participación activa, la responsabilidad, el involucramiento, la búsqueda de un continente más justo se han convertido en la bandera de una juventud que deja de "salvar el mundo desde un café" y se pone la camiseta de un proyecto que aspira incesamente al mejoramiento de la calidad de vida de quienes sufren la extrema pobreza.

Un mismo sueño, un mismo ideal pese a diferencias explícitas, han desembocado en que 12 naciones luchen desde un lugar común, desde un espacio conjunto, desde un escenario único. Brasileros, uruguayos, peruanos, chilenos, salvadoreños, costarricenses, mexicanos, paraguayos, guatemaltecos, colombianos, ecuatorianos y argentinos toman la iniciativa y se animan a creer en un continente más justo. Le dicen al mundo que los jóvenes son líderes del hoy y no del mañana. Le dicen a los gobiernos que Latinoámerica sufre pese a los índices de crecimiento. Denuncian una realidad que toca, que duele, que nos afecta a todos sin importar los límites fronterizos, el color de la piel, el himno que entonamos, la bandera que defendemos.

La juventud latinoamerica se une. Se globaliza. Lo hace para bien.

UTPMP: el apoyo que apuesta al cambio

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) es uno de los organismos internacionales que financia las actividades de Un Techo para mi País. Esto sin duda, es uno de los factores que le da a la organización su carácter internacional.
El hecho de que este ente sustente la implementación de la segunda etapa del proyecto -Habilitación Social- habla de un proyecto que aspira a tener presencia global y exportar sus formas al resto de las naciones que atraviesan una problemática social que azota mundialmente como es la pobreza.
El apoyo y la confianza del BID se sustenta y justifica en una propuesta que acciona directamente sobre el campo con el cual trabaja y que obtiene resultados concretos sobre las poblaciones en las cuales interviene. Se justifica sobre un modelo que aspira a mejorar la calidad de vida de quienes sufren la extrema pobreza, y se aleja del asistencialismo impuesto por los entes gubernamentales latinoamericanos; propone una solución desde un lugar y una lógica distinta.
La integración entre estas dos instituciones, y el llevar a cabo la implementación de una política común, denota una nueva mirada sobre la realidad social y nuevos protagonistas en la escena mundial: el BID, un organismo que se asocia en forma directa como sostén de los gobiernos de América Latina, comienza a hacerse visible como un ente capaz de invertir y apostar por una organización de la sociedad civil liderada por jóvenes.

(Imagen: www.imagebank.com)

Luciérnaga: Redes en el mundo

Daniel Cohen, en su ensayo “Riqueza del Mundo, Pobreza de las Naciones” nos insta a pensar en el factor político como la principal razón del incremento de la población mundial en condiciones de pobreza. Son esas falencias de quienes se encuentran en los niveles de toma de decisiones las que instan a la sociedad a tomar cartas en el asunto. Así, son las alternativas de solución las que encuentran el beneficio de la publicidad en la globalización. Gracias a ello nació, en nuestro país, Fundación La Luciérnaga.
Fue un amigo de Oscar Arias quien, a fines de 1994, y retornando de un viaje a España, le comentaba acerca de una revista de tirada mensual llamada La Farola, creada con el fin de convertirse en fuente de trabajo para jóvenes españoles en situación de calle.Llegaba así a nuestra ciudad el germen originario de la revista que, tiempo después y gracias a la popularidad ganada a nivel nacional (en especial por su aparición en el programa de televisión Sorpresa y 1/2), se convertiría en ejemplo para otras iniciativas parecidas en diferentes puntos del país.
A partir de 1999, distintos grupos sociales de Río Tercero, Venado Tuerto y Río Cuarto llevan la revista a sus localidades anexándole un pliego con información y visiones particulares del lugar. La Luciérnaga sigue cruzando fronteras y pronto se incorpora a distintas provincias del país que actualmente producen su propia publicación:


“Changuitos” – Santiago del Estero
“Ángel de lata” – Rosario, Santa Fe
“Arco iris” – Buenos Aires
“Barriletes” – Paraná, Entre Ríos.


Pero eso no es todo. La idea llegó luego a Brasil de la mano de Luisao, un joven emprendedor que, con un proyecto financiado por Artemisia, visitó La Luciérnaga a fin de comenzar una publicación de características similares en el país vecino, llamada Menisquencia.
En el año 2000 comenzó a conformarse la Red Nacional de Revistas de la Calle, con reuniones anuales orientadas al debate, que congrega a representantes de Argentina y países vecinos en un encuentro que permite compartir tecnología y establecer alianzas estratégicas que fortalezcan el trabajo y las diversas actividades desarrolladas en cada revista (ver noticia del Encuentro Nacional de Revistas, por Menisquecia).
En esta ocasión las nuevas tecnologías y la interconectividad dieron lugar a lo que Thomas Friedman denomina la “tierra plana” que permitió a las distintas fundaciones y organizaciones no gubernamentales estar en contacto y compartir ideas y proyectos. La globalización otorga en este sentido alternativas para resolver la pobreza y las crisis sociales, aquellos baches y valles que rompen con los beneficios y el progreso utópico del mundo plano del periodista norteamericano.

La Luciérnaga como respuesta social

La fundación surge con un objetivo claro: dar una respuesta concreta a los problemas económicos y sociales de los chicos de las villas miseria de la Ciudad de Córdoba, que habían quedado al margen de una sociedad en declive financiero y de un estado neoliberal ajeno a la protección social. Es la realidad misma la que reclama la intervención de un grupo social de personas para que aporten a apaliar en alguna medida las consecuencias de un proceso de exclusión social en Argentina y el mundo.

En el año 1994, Oscar Arias y Fabiana Visintini realizaban talleres el los lugares marginados de Córdoba, en un programa dependiente del ejecutivo municipal. Pero la realidad superaba los aporte oficiales, por lo cual se acuerda con el gremio gráfico una bolsa de trabajo. El proyecto no llega a concretarse porque hasta estos pequeños avances llegan los efectos de la crisis del gobierno de angelocista en lo provincial y el “efecto tekila” a nivel mundial. La devaluación mexicana impacto con fuerza en la sociedad argentina, aumentando el índice de desempleo, disminuyendo el PBI y el consumo, y afectando el déficit fiscal, entre otros (ver nota Clarín, año 1996). La globalización, entendida como lo que sucede en un lugar puede tener consecuencias mundiales, manifestó toda su fuerza en este impacto. (Sobre la crisis de la administración del gobernador Angelóz ver la publicación de un micro semanario de Junio de 1995).
En ésta eclosión con efectos trasnacionales, Argentina, como país subdesarrollado salió perjudicado. Profundizó el proceso de apertura de fronteras y endeudamiento público, como alternativas para salir de la inminente crisis, que se sintió principalmente en los sectores más vulnerables. Los chicos con los que trabaja Oscar Arias en Villa La Tela fueron uno de ellos: a mediados de 1995 el proyecto oficial se truncó por las dificultades económicas del gobierno de turno, y los chicos quedaron nuevamente al margen de la sociedad.
Por ese entonces, los chicos de la calle ya eran lo que Zygmunt Barman denomina “los vagabundos” de la globalización, es decir quienes más sentían las consecuencias humanas de la globalización y estaban ajenos a recorrerla y disfrutarla como “los turistas”.
De esa necesidad latente surge la iniciativa de Arias se desarrollar un proyecto fuera del área estatal. Gonzalo Vaca Narvaja trae de España la revista “La Farola”, que vendían indigentes y desocupados de Madrid para subsistir. La idea se hace propia de Córdoba, acorde a la situación de la ciudad, y surge “La Luciérnaga” como una publicación de venta callejera para dar un trabajo digno a los adolescentes y jóvenes de las villas miserias. Se forma una organización que apunta a resolver problemáticas que han quedado ajenas a la protección estatal, en el nuevo sistema neoliberal impulsado desde el Congreso de Bretton Woods al de Washington, y son las más afectadas por las consecuencias negativas de la globalización.


Tapa de la primera publicación de "La Luciérnga", el 20 de Julio de 1995


Han pasado 13 años, de aquella primera publicación, y la fundación creció en cantidad de integrantes y en objetivos y actividades. Ahora, so sólo es una fuente de trabajo alternativo, también desarrolla: acciones educativas, proyectos recreativos y deportivos, espacios sociales de intercambio, asistencia alimentaria y asesoramiento legal, promoción de micro-emprendimientos, prevención de situaciones de violencia social y búsqueda permanente de una mirada social sin discriminación a las personas de bajos recursos y trabajadores de la calle.
Promover a la sensibilidad pública ha sido desde sus comienzos uno de los objetivos más desafiantes e importantes, para lograr una real inclusión de los trabajadores luciérnagas y abrir posibilidades de desarrollo para las personas en riesgo social. En el video a continuación se relata una de las tantas actividades desarrolladas en este sentido, con talleres y charlas para generar conciencia social dictadas por los chicos de la fundación en escuelas de la Ciudad.

UTPMP: un modelo que muta

El Modelo de Intervención Social (MIS) que propone Un Techo para mi País finaliza con una tercera etapa denominada "Vivienda Definitiva". Es decir, una vez que se produce en un asentamiento la construcción de una vivienda mínima de emergencia, luego se implementan los programas que apuntan a sastifacer necesidades más profundas de los habitantes de los mismos, se produce como último paso la construcción de una vivienda que la familia misma realiza y diseña.
Esta modalidad no se aplica en el proyecto argentino, que postula sólo dos de las tres etapas que se aplican en los países que conforman la red latinoamericana. Argentina finaliza el proyecto bajo el concepto de "desarrollo comunitario en los asentamientos".
Es así como Un Techo para mi País Argentina establece que su fin último es "lograr que se genere dentro del asentamiento el sentimiento de comunidad, con vecinos unidos, concientes de sus derechos y obligaciones como ciudadanos, que han adoptado una sensación de pertenencia y de responsabilidad por su barrio".
La explicación a dicho cambio se encuentra en el análisis de la pobreza en el país, y en como adaptar un modelo que de solución a la misma. Sin duda, y pese a que cada nación vela por una misma misión, visión y objetivos; y trabaja bajo iguales principios y valores, la forma en que los mismos se desarrollan en cada territorio deben adecuarse a lo que las necesidades en él procuran.
Una misma organización con presencia en 12 países de América Latina, que se propone "luchar contra la extrema pobreza en el contienente", que exporta un modelo para paliar la misma, muta sus formas y se reestructura. Esto borra de escena los efectos negativos que se asocian a menudo al concepto de globalización: dependencia, pérdida del límite de las fronteras, imposiciones de los más fuertes sobre los más débiles.
UTPMP se transforma en una organización que respeta la idiosincracia de cada una de las naciones que la conforman y que entiende la diversidad sobre un igual problema estructural. Se transforma es un ejemplo de política organizacional ya que tiene en cuenta la esencia y pensamiento de cada oficina.

lunes, 9 de junio de 2008

Una luz de esperanza

La Luciérnaga es una fundación que nace en la ciudad de Córdoba como una respuesta a las necesidades laborales y educativas de niños y jóvenes trabajadores de la calle.
Empezó ofreciendo un trabajo alternativo mediante la venta de una revista de interés social en las esquinas del centro de la ciudad, pero luego amplió sus actividades a la educación, la cultura, la salud y la generación de micro-emprendimientos, para mejorar la calidad de vida de los niños, adolescentes y jóvenes trabajadores y sus familias.
Sus actividades no sólo se expandieron en variedad, sino también a nivel territorial, promoviendo la generación de pequeñas luciérnagas en el resto del país y el exterior.
A continuación, les mostramos cómo es la fundación desde adentro y qué logró, contado por sus protagonistas.



(Video: noviembre del 2005)

La fundación en primera persona: un luciérnago

Juan Pablo, es uno de los protagonistas de la fundación, formó parte de los vendedores de revistas durante años hasta que actualmente desarrolla un nuevo emprendimiento: el Luci-vird. Participó de manera activa en distintos aspectos: lavaplatos en el comedor, vendedor callejero, promotor del programa de ayuda social “Corazón Luciérnaga”, miembro del equipo del taller de radio que dio lugar al programa “Caretas”, guía y acompañante en un programa para dar a conocer a los extranjeros la fundación (que llegaban para compartir ideas o por simple curiosidad de conocer), uno de los fundadores del Luci-Vird, organización que ofrece el servicio de limpieza de vidrios a locales y edificios del centro de la ciudad. Afirma que la Luciérnaga le brindó la “contención” y la “oportunidad de crecer”, permitiéndole lograr un lugar en la sociedad. En este sentido, refiere al trabajo de Oscar Arias, creador de la fundación, y la Luciérnaga en la sociedad cordobeza:


Antes de ser un exitoso canillita y emprendedor, Juan Pablo vivió en la calle en contacto permanente e implicado en robos, ventas ilegales de mercadería y consumo de drogas, y estuvo más de dos años en el Penal San Martín. Llegó a la cárcel en el 2000, al filo de la crisis económica y social que sacudiría al país un año después, pero que en su hogar ya se empezaba a sentir. “Mi vieja había vendido las herramientas de mi viejo, y peleándola mi mamá imagínate solita con mi viejo inválido, yo le había pegado una puñalada a unos chicos (a dos) me fui a Ushuaia, mi hermana embarazada, y mi otro hermano se juntó, se fue, o sea que quedó sola con todo eso y empezó a vender cosas”, relata al preguntarle por qué volvió a robar en Córdoba. Los siguientes tres meses trabajo de vendedor y remisero, empresas que fracasaron y renovó lo que él llama la carrera delictiva que lo condujo directo al Penal. Fue en la celda del Pabellón Iglesia donde conoció La Luciérnaga, al leer una publicación del Cabezón Sotelo, un poema a las madres. La revista quedó impregnada en su memoria, hasta el día que salió de la cárcel y al necesitar una silla de ruedas para su padre fue directo a la fundación, que le consiguió una por el programa Córdoba Solidaria.
A partir de allí el vínculo con La Luciérnaga creció, aunque como él dice “no fue fácil”, se sentía “tentado a robar”, pero la contención permanente de la fundación le permitió marcar su propio camino. Al recordar a los amigos que dejó atrás y a cómo muchos de ellos murieron o están en prisión reflexiona: “Todas esas cosas es como que te van cambiando, la historia de la vida de cada uno, que los crucé, los conocí, tuve una relación con los guasos, pero yo elegí otro camino que por suerte es más largo”.
Señala como responsables de su crecimiento, no sólo a la fundación, sino también al apoyo de los compañeros, a los aportes humanitarios y económicos de distintas personas y organizaciones, como el caso del Banco Mundial que les otorgó un premio de 10.000 dólares en un concurso nacional de proyectos sociales.

Juan Pablo, al medio, junto a los principales gestores del micro-
emprendimiento "Luci-Vid" a horas de pintar la nueva sede.