Continuando con la línea de análisis del post anterior, que finaliza con una definición del rol de las ONG en el proceso de globalización actual, cabe aclarar que el papel asumido por las organizaciones no gubernamentales presenta matices múltiples, dependiendo de cual sea su lugar en un amplio espectro cuyos extremos están dados por dos posturas radicales. En polos opuestos -y ya fuera de nuestro marco de análisis- se hallan por un lado aquellas entidades que, si bien están centradas en la asistencia a las poblaciones empobrecidas, no plantean ninguna acción sobre las causas estructurales que generan esa pobreza.
En el lado contrario, aparecen los grupos que mantienen una posición irreconciliable con el sistema, y que rechazan el actual modelo económico y la propia existencia de aquellas instituciones que consideran responsables de los males ligados a la globalización. Creen, que el edificio está en ruinas y que hay que tirarlo abajo y hacerlo nuevo desde sus cimientos, aunque no hay un claro acuerdo sobre cómo debería ser la nueva construcción.
¿Dónde situar entonces a las dos instituciones ejes de nuestro estudio?
Dentro de un sector ‘intermedio’, conformado por ONG y movimientos sociales que demandan que se avance hacia otra globalización. Entienden que ésta es un fenómeno de nuestro tiempo que ofrece posibilidades y oportunidades de futuro, siempre y cuando esté al servicio de todas las personas y sus derechos fundamentales, y no sólo de los intereses de unas minorías privilegiadas.
Estas organizaciones proponen cambios sustanciales y profundos en la coyuntura, mediante la puesta en marcha de una estrategia transformadora que incluya todos los aspectos de la globalización y sus efectos. Son conscientes de que esta mecánica de mundialización agudiza las causas estructurales de la pobreza y, por ello, aspiran a romper el círculo combinando programas de desarrollo y ayuda humanitaria con la incidencia sobre las instancias políticas y sociales que pueden modificar las reglas de juego a nivel nacional y mundial.
En síntesis, situados en este nivel de acción, tanto UTPMP y “La Luciérnaga”, creen en otro modelo de globalización, equitativo, que no se base en la concentración de poder, que esté abierta a modelos sociales y culturales, que incluya a los empobrecidos y que promueva la justicia y la dignidad.
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